domingo, 24 de febrero de 2013






La nieve y el frío obligan a buscar refugio entre cuatro paredes y un techo. Pero en el caso de la capital Albión –que se note aquí que soy estudiante de Literatura Escocesa, faltaría más- esto más que una maldición es una bendición. Y es que hay tanto que descubrir dentro de esta ciudad…

Hoy le ha tocado el turno a un museo que nunca me había llamado la atención por tener un nombre real. Que los dioses me perdonen, no le tengo ninguna estima a la monarquía, provenga de provenga. No es que tenga un problema con el concepto en sí o las personalidades que lo encarnan. De hecho, me encanta por ejemplo la leyenda artúrica. Pero en pasado y fantasía, por favor, no en la realidad. No en un mundo regulado por ciertos derechos humanos (no los escribí yo, por cierto) que afirma que todo hombre y mujer es igual por nacimiento. Ahí lo dejo.

Pero el Albert Royal Museum poco recuerda al consorte de la hermosa (nótese la ironía) reina Victoria. El edificio es de una majestuosidad impresionante. Galerías con techos de madera tallada, caprichosas formas en cristal, mosaicos, bóvedas, pinturas, mármol y alabastro… hay para todos los gustos.

De alguna manera parece que compite con el archiconocido British Museum, porque lo que muestra es a grandes rasgos lo mismo: piezas pertenecientes a diferentes épocas y lugares. Pero –o me lo parece a mí- este que he visto hoy intenta ser más exclusivo. Menos impresionante, sí –porque la impresión que da ver a un hombre de hace miles de años muerto y conservado delante de una, con carne y pelo, y encima descuartizado salvajemente, es difícil de igualar- pero más selectivo. Más… ¿real?

Sin embargo, tras haber visitado la sección de Japón, China, Corea, y la época Medieval y Renacentista (todo piezas del Mediterráneo, Italia y España mayoritariamente, en ocasiones puertas o fachadas enteras… ya puedo imaginármelos en su tiempo esto me lo quedo, y ale, al barco y para las Islas Británicas) me ha dado por reflexionar.
¿Dónde está la cultura Inglesa? Que no Escocesa o Norirlandesa, que estos dos sitios los conozco y tienen una cultura y un sabor propios. En todos los museos que he visitado hasta ahora, en sus salas (las que me ha dado tiempo a ver, porque los grandes museos aquí son interminables) siempre brillan los objetos del expolio. Eso es precisamente lo que pienso cuando veo una estatua egipcia o una cerámica china. Expolio. O en el mejor de los casos, comercio. Pero de la cultura puramente inglesa solo recuerdo haber visto algunas piedras prehistóricas y poco más. Si hasta los artistas que pintaban a los Tudor eran italianos…

¿Vendrá de ahí la sed imperialista de los británicos? Anexionando Irlanda, Escocia y luego pedazos del mundo más lejano. Que no tendrán un Da Vinci, pero armada naval esa sí la tenían bien hermosa, España pudo comprobarlo de primera mano en la Batalla de Trafalgar, por ejemplo. Así que con esos enormes barcos atacaban naciones y luego se llevaban las fachadas de sus edificios. Para acabar exhibiéndolas en el Museo Británico. Porque eso sí, aquí el orgullo nacional es del tipo isleño, esto es, receloso de todo lo que venga de fuera, porque el Hogar es un pedacito de tierra flotando en un mar inmenso que hay que defender como sea. Los países isla son como los hijos únicos… poco acostumbrado a lidiar constantemente con la competencia de los hermanos, luego  se ponen a la defensiva ante cualquier acercamiento. Con lo bonito que es ser del género humano y poder considerar la Tierra como patria…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bravo! Por tu deseo de eliminar los puntos y las rayas de los mapas.